AMEI-WAECE

En época de grandes recortes, cabría preguntarse y hacerlo extensivo a los administradores públicos, dónde está el límite de los mismos. Si estos son justos, si atentan contra el pleno desarrollo de los niños, si un gobierno puede consentir que un niño no desarrolle al máximo sus potencialidades.Obviamente si no se hace todo lo posible para que cualquier niño se desarrolle plenamente se estaría atentando contra los Derechos de los Niños, reconocidos universalmente.

Sabemos, como hemos apuntado en páginasanteriores, por los estudios de la Carnegie Corporation, que los menores considerados en la categoría de alto riesgo y que tuvieron la posibilidad de asistir a programas educativos durante los primeros seis meses de edad, redujeron el riesgo de retraso mental hasta un 80%, y que a la edad de tres años estos niños y niñas mostraban coeficientes de inteligencia superiores en 15 o 20 puntos, comparados con otros también evaluados en situación de alto riesgo, y que no habían tenido la oportunidad de asistir a estos programas.

El seguimiento de estos casos comprobó que a los doce años funcionaban todavía a un nivel superior de inteligencia, lo cual era aún más significativo al alcanzar los quince años de edad.

No hace falta acudir a los grandes investigadores sino al día a día en las aulas,para saber que los “rendimientos académicos” en el segundo ciclo (y en consecuencia en los sucesivos cursos)de los niños que han asistido a un centro del primer ciclo son mucho mejor que los que no lo han hecho, lo cual es significativo de cara al posterior fracaso escolar.

Pero no solo desde el punto de vista social la educación desde el nacimiento es aconsejable, sino que también en términos monetarios es altamente rentable desde el punto de vista social y económico.

Datos aportados por, el Premio Nobel de Economía en el año 2000, J. Heckman son muy significativos.El profesor Heckman destaca que las diferencias entre las habilidades de diversos grupos de la población empiezan a una edad muy temprana, y que la genética no tiene que ver en ello.Partiendo del criterio de que las habilidades y las capacidades de una persona son también una forma de capital humano, destacó que había que empezar a estimular (educar) desde el vientre de la madre porque, a su juicio, la capacidad cognitiva se desarrollaba muy tempranoy que a partir de cierta edad es difícil conseguir cambios.

El Nobeldesarrolló estudios sobre estimulación de niños y niñas en grupos desfavorecidos, a los que siguió durante muchos años, encontrando que de adultos estos niños y niñas tenían menor tasa de delincuencia en poblaciones donde era muy elevada, tenían mayores ingresos y mayores índices de adaptabilidad social.

Pero como el interés de Heckman como economista era evaluar el rendimiento económico de ese tipo de sujetos, llegó a la conclusión de que por cada dólar invertido por niño el rendimiento era entre el 7 y el 10% anual a lo largo de la vida.Es decir, que un dólar invertido en ciudadanos menores de 3 años es un 10% más rentable que invertido en adultos, o sea, que cada dólar invertido en la educación inicial se revierte en 8 dólares del producto social en las etapas posteriores. Según palabras del propio HeckmanUna rentabilidad mucho más elevada que la de los fondos de inversión o la de la mayor parte de las inversiones en el mercado de valores”

Los datos aportados por el Nobel Heckman son realmente impactantes y destacan la importancia de la educación inicial en los tres primeros años de vida, porque la misma metodología de investigación aplicada después de los tres años, si bien conseguía resultados, no eran tan espectaculares como cuando se comenzaba desde el mismo nacimiento.

Las teorías por las que mereció el Premio Nobel de Economía el profesor J. Heckman se han visto corroboradas por multitud de estudios longitudinales, destacado el realizado por la University of North Carolina en el que se pone de manifiesto que los beneficios de los programas de educación infantil de alta calidad perduran treinta años. Los adultos que recibieron esta formación cuando eran pequeños, tres décadas después todavía se siguen beneficiando de aquellas primeras experiencias educativas.

Según Mery Young, del Banco Mundial, “invertir en educación en los primeros años es invertir en el futuro” y por eso este importante Banco otorga préstamos a los gobiernos para programas de educación a la primera infancia.