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Los centros de educación infantil son el ”lugar” cuya finalidad básica consiste en facilitar el desarrollo general de la personalidad del niño, en todos sus aspectos y en promover su educación.

Los centros de educación infantil tienen toda una serie de exigencias educativas que, aunque en parte son comunes a los demás niveles de la enseñanza, tienen características específicas. De ahí la necesidad de dedicar un capítulo del presente estudio al problema de los locales.

Nadie pone en duda que una universidad no tiene nada que ver con un centro de bachillerato, tanto desde el punto de vista arquitectónico, como de organización. Lo mismo ocurre con un centro de bachillerato que tiene que tener características distintas de uno de primaria. Siguiendo este razonamiento, nada tiene que ver, desde el punto de vista arquitectónico y organizativo, un centro de educación infantil con uno de primaria. Esto se hace más palpable si analizamos las necesidades y espacios de las aulas de los centros de educación infantil y los de primaria.

Las aulas de educación infantil deben permitir la organización de pequeños "rincones" individuales y zonas para guardar los juguetes y el material educativo. Aunque puede parecer una perogrullada, hay que repetir que los niños juegan con juguetes. Estos juguetes deben ser de fácil acceso y los niños han de poder guardarlos ellos mismos. Para esto, es preciso que las educadoras establezcan, a poca altura, un sitio para guardar los juguetes. Si nos fijamos en las aulas de los más pequeños, necesitan una zona para el descanso de los niños, que obviamente en educación primaria no se necesitan.

Dadas las edades de los niños, en el informe que el Doctor Mialaret realiza para UNESCO, con participación de más de sesenta países, éste afirma de manera categórica que un Centro de Educación Infantil no debe recibir un número demasiado grande de niños por dos razones principales.

  • En primer lugar, debe conservar el carácter de una gran familia, en cuyo seno el niño se sienta en seguridad y pueda conocer a todos los demás miembros de la comunidad (niños y adultos, al margen de conocer las instalaciones para poder transitar seguro por ellas) y establecer con cada uno de ellos relaciones de amistad. La educación preescolar, considerada desde la perspectiva de sus elementos sociales, es un vínculo de unión entre el pequeño grupo familiar de unas pocas unidades y el pequeño grupo social relativamente más extenso. Si se impone al niño un paso demasiado brusco de uno a otro, se les puede traumatizar a algunos de ellos y llevarlos, por falta de seguridad, a replegarse en sí mismos y a no establecer los contactos sociales que son indispensables para la formación y el desarrollo de su personalidad.
  • En segundo lugar, para conservar ese carácter familiar, en el establecimiento no debe trabajar un número demasiado grande de adultos por razones análogas a las antes expuestas.

Ello nos devuelve una vez más a la exigencia fundamental: conservar a los edificios su carácter de intimidad, con objeto de que los niños pequeños puedan conocer y reconocer fácilmente las caras adultas y las caras infantiles que van a formar parte de su nuevo universo.

Esta consideración de los Centros, sigue las recomendaciones de la Reunión de Expertos sobre el desarrollo psicológico del niño y sus consecuencias para el proceso educativo, celebrada ya hace unos cuantos años y que a lo largo del tiempo, nadie se ha cuestionado.