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El fracaso escolar es un fenómeno que suele manifestarse en su mayor crudeza y virulencia en la educaciónsecundaria, dando como resultado más visible el abandono de la escolaridad. Las consecuencias de este fracaso escolar dan lugar a importantes efectos negativos que se manifiestan tanto en el ámbito personal, como en la esfera social y económica.

En España las tasas de fracaso escolar que conlleva no acabar la escolarización obligatoria supera en mucho la media de países de la OCDE.

Pero este grave problema del fracaso escolar que se hace visible habitualmente en secundaria, se genera en etapas educativas muy anteriores. Concretamente en la primera infancia, momento ideal para sentar las bases de una correcta escolarización. Todo esto cobra una mayor relevancia si atendemos a los sectores de población más desfavorecidos, donde las desventajas, consecuencia de la escasez de recursos, tienen un efecto acumulativo que va creciendo a medida que avanza la edad del alumnado

Según el informe sobre el panorama de la educación 2015 que publicó el Ministerio de Educación Cultura y Deporte, basándose en los datos de la OCDE y el informe PISA, en la mayoría de los países, los estudiantes de 15 años que han asistido al menos un año a Educación Infantil, tienden a obtener mejores resultados que los que no lo han hecho.

El estudio PISA recalca evidencias sobre la relación entre Educación Infantil y el rendimiento escolar y académico en etapas educativas posteriores, tendiendo a ser más significativas en sistemas educativos con una Educación Infantil de mayor duración, pequeñas ratios maestro/niño y un mayor gasto público por alumno en esta etapa educativa.

Cada vez cobra más fuerza la idea de la rentabilidad social económica y personal de una importante inversión en Educación infantil, que se muestra indubitablemente eficiente en términos de coste/beneficio. El tiempo de escolarización es uno de los factores que más equilibra las desigualdades de una manera eficaz. Cuanto más tempranamente se acude a la escuela, más aumento se observa en las oportunidades. Este efecto se incrementa exponencialmente cuando se trata de niños procedentes de entornos y contextos familiares desfavorecidos y con un bajo nivel de formación.

Entre los elementos que explican o avalan la postura que sostiene que una temprana escolarización mejora la expectativa de rendimiento escolar y por tanto reduce la posibilidad de abandono de los estudios, podemos destacar:

  • En la primera etapa de la Educación Infantil es donde se produce la adquisición y desarrollo del lenguaje oral, siendo éste una de las bases para posteriormente acceder al aprendizaje de la lectoescritura, que a su vez tendrá un enorme impacto en la adquisición de nuevos conocimientos. Ya nadie discute que una deficiente articulación, frecuentes errores en construcciones sintácticas en lenguaje oral y un pobre vocabulario, tienen como consecuencia una considerable probabilidad de dificultades en el aprendizaje de la lectoescritura. La asistencia a la Escuela Infantil en edades tempranas tiene como efecto directo puntuaciones más altas en pruebas de alfabetización.
  • El auto concepto: La interiorización que el sujeto hace de su imagen se ha revelado como uno de los elementos que influyen considerablemente en el fracaso escolar. Esta imagen que tenemos de nosotros mismos se empieza a forjar en la primera infancia. La asistencia a la Escuela infantil, permite iniciar las interacciones entre iguales, con la mediación del profesor, que será el escenario ideal para ir creando una imagen positiva y ajustada de uno mismo. Es el escenario ideal para iniciar las habilidades para solucionar conflictos de forma pacífica y establecer relaciones positivas con nosotros mismos, con los demás y con el entorno.
  • Los objetivos a lograr en Educación Infantil están diseñados para que los alcancen la práctica totalidad de la población. Esto supone una gran oportunidad para detectar trastornos o alteraciones que impiden llegar a estos objetivos y que por tanto requieren la intervención de un especialista, que orientará las medidas correctoras y educativas minimizando de este modo los efectos del presunto trastorno.
  • Efecto compensador de la Educación Infantil: Todos los estudios sitúan la formación de los padres como uno de los elementos cruciales para predecir el éxito o fracaso escolar. La asistencia a la escuela infantil se manifiesta como un elemento para el aprendizaje, produciendo un efecto reductor de las desigualdades sociales, compensando las desventajas que padecen alumnos que provienen de ambientes familiares con escasos recursos y bajos niveles de formación. Se ha llegado a cuantificar que alumnos que provienen de entornos socioeconómicos desfavorecidos tienen el doble de posibilidades de tener un rendimiento escolar bajo. La falta de recursos y la escasa formación de los padres suele dar como resultado una pobre implicación de estos en el proceso de escolarización de sus hijos, a parte de una baja estimulación en el hogar y un contexto familiar culturalmente limitado. La etapa educativa de la primera infancia da una importancia crucial a la relación con las familias, ofreciendo orientación, modelos de actuación, elementos de reflexión sobre la importancia de la escolaridad, etc. Todas las escuelas infantiles incluyen en su proyecto educativo la relación con las familias con una intensidad que no volverá a repetirse en todo el itinerario educativo. Por ello supone una oportunidad única para implicar a los padres en la educación de sus hijos. La eficacia de este efecto es más visible cuanto más desfavorecidos son los segmentos de población a los que se aplica, produciendo un incremento en la igualdad de oportunidades. Siguiendo las ideas de James J. Heckman, podemos afirmar que invertir en Educación Infantil en la primera infancia para niños en situación de riesgo es una estrategia efectiva para reducir los costos sociales

De todo ello podemos concluir, que la asistencia a la escuela infantil en las primeras etapas de la vida sienta las bases para una correcta escolarización que da lugar a una sociedad más justa, más equilibrada, más culta y con individuos con mayores posibilidades de éxito personal, social y profesional.