AMEI-WAECE
  • Los primeros seis-siete años de la vida se corresponden a la primera etapa del desarrollo: la primera infancia, que consta de tres períodos, lactancia, edad temprana y edad preescolar.
  • En cada período o etapa se forman las particularidades físicas y psíquicas que les son inmanentes, y hacia el final de cada etapa y período, se forman las premisas de las estructuras que han de ser dominantes en la etapa posterior. Como consecuencia las estructuras psíquicas y físicas adquiridas se integran como subestructuras dentro de la nueva estructura que surge.
  • Cada etapa y período se caracteriza por una actividad fundamental que guía el desarrollo en ese momento, y por la presencia de períodos sensitivos del desarrollo, que son aquellos momentos en que determinada cualidad física o psíquica encuentra las condiciones más propicias para formarse.
  • Si bien una cualidad física o psíquica puede formarse en una etapa posterior al momento de inicio de su período sensitivo, nunca tendrá el nivel de desarrollo que pudiera haber alcanzado de formarse en el momento propicio. De ello se implica que cuando se omite educar específicamente en el momento en que por el desarrollo deba hacerse, jamás se ha de lograr el desarrollo que pudiera haberse alcanzado.
  • Esto plantea definidamente que iniciar el proceso de educativo a partir de los 3 años, no solo en un grave error educativo, sino que es un serio error científico dentro de la concepción del desarrollo, y nunca se alcanzará el máximo de las potencialidades físicas y psíquicas de los niños que pudieran haberse logrado, de iniciarse su proceso educativo desde el nacimiento.
  • Propiciar la educación de los niños de 0 a 3 años es, por lo tanto, la vía más efectiva para lograr el máximo desarrollo de las posibilidades físicas y psíquicas de los niños y niñas, de no hacerse así, y aunque duela reconocerlo, se está hipotecando el futuro de los niños y niñas.
  • No es posible alcanzar el máximo desarrollo de los niños y niñas omitiendo períodos y etapas anteriores, por lo que no es posible omitir la educación inicial en el proceso educativo, pues comenzar a los tres años es demasiado tarde. De ahí la necesidad imperiosa, y la obligación, de proporcionar educación de 0 a 3 años y de ser posible, incluso, propiciar la estimulación desde la etapa prenatal.

Toda esta fundamentación científica tiene, además, una connotación social y económica en términos de desarrollo social, que ha sido comprobada fehacientemente por numerosas investigaciones.  Como se ha expuesto, de hecho la asignación de recursos para el establecimiento de la educación de 0 a 3 años, no solo repercute en que a la larga la educación sea más rentable por los efectos en el desarrollo de los niños y niñas, su incidencia en un menor fracaso escolar y en la formación de hábitos y valores, sino que sienta las pautas para la construcción de una mejor sociedad, al tener individuos más capaces y mucho más multilateralmente desarrollados, que si solamente hubieran comenzado su educación a partir de los tres años.